Concierto de Ara Malikian en Valencia

Sentido y sensibilidad

Una de las anécdotas que cuenta Ara Malikian durante su concierto hace referencia a su experiencia con la Orquesta Sinfónica de Madrid. Tras un periodo de preparación para los conciertos muy duro, le sorprendió que durante el concierto los músicos estaban situados en el foso, lejos del alcance de las miradas del público. Acompañaban a los bailarines o a los cantantes durante la representación pero el público no podía ver la interpretación de los músicos de la orquesta.

Para un músico de las características de Malikian formar parte de una orquesta tradicional debía ser una especie de corsé para la expresión de su arte. El violinista libanés salta, gira, baila acompañando su interpretación; interactúa con su instrumento y sus gestos y movimientos son una parte más de su enunciado musical. El espectáculo se abre y se cierra con el músico tocando entre el público en un ejercicio de autoafirmación de la necesidad del contacto directo con las personas.

La adaptación de las giras a estos tiempos de coronavirus, en este caso en formato dúo junto al pianista Iván ‘Melón’ Lewis, todavía acrecienta en mayor medida el protagonismo del intérprete por el carácter íntimo del espectáculo al que solo hay que añadir las luces y los efectos de humo sobre el escenario como aditamentos pertenecientes a la antigua normalidad.

La comunicación con el público comienza desde el primer tema en el que el violinista aparece tocando entre las filas de los espectadores para posteriormente subir al escenario. Como telón de fondo el puerto de Valencia y el mar Mediterráneo debido al cambio de ubicación por motivos de seguridad sanitaria. El recorrido musical continúa por el Líbano, por su país, como lugar iniciático para su música y también como homenaje a la reciente tragedia debida a la explosión del puerto en Beirut a través del tema Bourj Hammoud. Desde el primer momento el estilo expositivo de Malikian es contagioso, combinando los momentos intensos con destellos de emoción lírica que le permiten adoptar todas las poses combinadas del baile tradicional y el rock.

Un tema de Orfeo et Euridice de Gluck nos sitúa en una nueva etapa de la biografía del músico, sus años en Alemania, tan distinto de su país de origen y servirá para introducir una de sus intervenciones que se repiten a lo largo del concierto. Presentaciones, entre la anécdota y el didactismo que facilitan la conexión con el público pero que también sirven para explicar el sentido que la música, la interpretación y el instrumento tienen para Malikian. A lo largo del concierto la mirada clásica se dirigirá también hacia Paganini con La campanella, un homenaje al compositor e intérprete que hizo evolucionar el violín; y a Tchaikovsky.

Junto al virtuosismo de las interpretaciones, una de las características que tienen los grandes artistas es hacer suyos los temas ajenos. Esa postura rockera de la que hemos hablado con anterioridad la lleva también a la elección de los temas como Life on mars? de Bowie o Bachelorette de Björk. Música contemporánea que el violinista libanes descompone para hacerla propia.
A lo largo de todo el concierto se explicita la compenetración con Melón, el pianista cubano, que extiende toda la base sobre la que el violín de Malikian va creciendo, dejando sus notas aquí y allá, entendiendo el juego que le propone el violinista libanés.

Para terminar el concierto dos composiciones creadas durante el confinamiento. Tango para mis amígdalas, que interpretó en solitario, y Nana arrugada, un delicado tema dedicado a las personas mayores fallecidas durante estos meses pasados, con la que volvió a bajar del escenario para tocar entre el público.

Todo un espectáculo que desborda emoción y sensibilidad y que nos permite contemplara un artista en un formato muy cercano y accesible. Ara Malikian tiene la capacidad de conseguir que durante casi dos horas seamos capaces de entender el valor de la cultura –en este caso la música- como elemento necesario para traducir la realidad del mundo que nos rodea.

Ara Malikian, violín
Iván ‘Melón’ Lewis, piano
18 de agosto de 2020
La Marina
Valencia

Texto y fotos Luis Tormo

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